miércoles, 15 de noviembre de 2023

LIBRO DE BUEN AMOR, Arcipreste de Hita: "Disputa entre griegos y romanos"

 Entiende bien mis dichos y medita su esencia; 

no me ocurra contigo como al doctor de Grecia 

con el patán de Roma y su poca sapiencia 

cuando Roma pidió a Grecia su gran ciencia. 

 

Así ocurrió que Roma de leyes carecía; 

se las pidió a Grecia, que buenas las tenía. 

Respondieron los griegos que no las merecía 

ni habrían de entenderlas, ya que nada sabían. 

 

Pero, si las quería para de ellas usar, 

con los sabios de Grecia debería tratar, 

mostrar si las comprenden y merecen lograr; 

esta respuesta hermosa daban por se excusar].

 

Los romanos mostraron en seguida su agrado; 

la disputa aceptaron en contrato firmado 

mas, como no entendían idioma desusado, 

pidieron dialogar por señas de letrado. 

 

Fijaron una fecha para ir a contender; 

los romanos se afligen, no sabiendo qué hacer, 

pues, al no ser letrados, no podrán entender 

a los griegos doctores y su mucho saber. 

 

Estando en esta cuita, sugirió un ciudadano 

tomar para el certamen a un bellaco romano 

que, como Dios quisiera, señales con la mano 

hiciera en la disputa y fue consejo sano. 


A un gran bellaco astuto se apresuran a ir 

y le dicen: -"Con Grecia hemos de discutir; 

por disputar por señas, lo que quieras pedir 

te daremos, si sabes de este trance salir". 

 

Vistiéronle muy ricos paños de gran valía 

cual si fuese doctor en la filosofía. 

Dijo desde un sitial, con bravuconería: 

"Ya pueden venir griegos con su sabiduría". 
 

Entonces llegó un griego, doctor muy esmerado, 
famoso entre los griegos, entre todos loado; 

subió en otro sitial, todo el pueblo juntado. 

Comenzaron sus señas, como era lo tratado. 

 

El griego, reposado, se levantó a mostrar 

un dedo, el que tenemos más cerca del pulgar, 

y luego se sentó en el mismo lugar. 

Levantóse el bigardo, frunce el ceño al mirar. 

 

Mostró luego tres dedos hacia el griego tendidos 

el pulgar y otros dos con aquél recogidos 

a manera de arpón, los otros encogidos. 

Sientáse luego el necio, mirando sus vestidos. 

 

Levantándose el griego, tendió la palma llana 

y volvióse a sentar, tranquila su alma sana; 

levántase el bellaco con fantasía vana, 

mostró el puño cerrado, de pelea con gana. 

 

Ante todos los suyos opina el sabio griego: 

"Merecen los romanos la ley, no se la niego." 

Levantáronse todos con paz y con sosiego, 

¡gran honra tuvo Roma por un vil andariego! 

 

Preguntaron al griego qué fue lo discutido 

y lo que aquel romano le había respondido: 

"Afirmé que hay un Dios y el romano entendido 

tres en uno, me dijo, con su signo seguido. 

 

"Yo: que en la mano tiene todo a su voluntad; 

él: que domina al mundo su poder, y es verdad. 

Si saben comprender la Santa Trinidad, 

de las leyes merecen tener seguridad." 

 

Preguntan al bellaco por su interpretación: 

"Echarme un ojo fuera, tal era su intención 

al enseñar un dedo, y con indignación 

le respondí airado, con determinación, 


que yo le quebraría, delante de las gentes, 

con dos dedos los ojos, con el pulgar los dientes. 

Dijo él que su yo no le paraba mientes, 

a palmadas pondría mis orejas calientes. 

 

"Entonces hice seña de darle una puñada 

que ni en toda su vida la vería vengada; 

cuando vio la pelea tan mal aparejada 

no siguió amenazando a quien no teme nada". 

 

Por eso afirma el dicho de aquella vieja ardida 

que no hay mala palabra si no es a mal tenida, 

toda frase es bien dicha cuando es bien entendida. 

entiende bien mi libro, tendrás buena guarida. 

 

La burla que escuchares no la tengas por vil, 

la idea de este libro entiéndela, sutil; 

pues del bien y del mal, ni un poeta entre mil 

hallarás que hablar sepa con decoro gentil. 

 

Hallarás muchas garzas, sin encontrar un huevo, 

remendar bien no es cosa de cualquier sastre nuevo 

a trovar locamente no creas que me muevo, 

lo que Buen Amor dice, con razones te pruebo. 

 

En general, a todos dedico mi escritura; 

los cuerdos, con buen seso, encontrarán cordura; 

los mancebos livianos guárdense de locura; 

escoja lo mejor el de buenaventura. 

 

Son, las de Buen Amor razones encubiertas; 

medita donde hallares señal y lección ciertas, 

si la razón entiendes y la intención aciertas, 

donde ahora maldades, quizá consejo  adviertas. 

 

Donde creas que miente, dice mayor verdad, 

en las coplas pulidas yace gran fealdad; 

si el libro es bueno o malo por las notas juzgad, 

las coplas y las notas load o denostad. 

 

De músico instrumento yo, libro, soy pariente; 

si tocas bien o mal te diré ciertamente; 

en lo que te interese, con sosiego detente 

y si sabes pulsarme, me tendrás en la mente. 

 

lunes, 7 de agosto de 2023

MANIFIESTO POR LA LECTURA, Irene Vallejo

 Enamorados de la aceleración, nos deslumbran las conexiones instantáneas, los procesadores vertiginosos, el milagro de oprimir una tecla y comunicarnos de inmediato a través de inmensas distracciones. Pero toda esa tecnología rápida y fabulosa es hija de una máquina que trabaja despacio: el cerebro. Y es precisamente su lentitud el secreto de su refinado funcionamiento... Presos de la prisa, hemos arrinconado la educación de la paciencia. A esta falta de serenidad cognitiva podemos denominarla crisis de distracción. Guy Debord afirmó que nuestro tiempo nos empuja a ser más espectadores que lectores... Leer no es tan pasivo como oír o ver; es recreación y efervescencia mental. Leemos a nuestro propio ritmo, modulamos la velocidad, interiorizamos lo que queremos asimilar y no lo que nos arrojan con tal ímpetu y volumen que acabamos apabullados... Los libros emergen como aliados para recuperar el placer de la concentración, la intimidad y la calma. Por eso, leer puede ser un acto de resistencia. 

Leer nos enseña a hablar, nos educa en el arte del diálogo. "Los libros hacen los labios" solía decir el maestro de retórica Quintiliano hace veinte siglos... En lo leído está el vocabulario de nuestras propias vidas. Todos somos a nuestra manera narradores y necesitamos las palabras apropiadas para contar y contarnos cada día, para convencer y encantar a quienes nos escuchan. Por este motivo, quienes leen son capaces de exteriorizar con más claridad sus ideas, traducir en palabras sus emociones, ordenar y verbalizar el trayecto de su aprendizaje...

Los niños que leen más hablan y escriben mejor. Nuestro fracaso escolar es, básicamente, un fracaso lingüístico. Y lo es incluso en matemáticas. 

                                                                        Irene Vallejo, Manifiesto por la lectura, Siruela, 2020.

martes, 1 de noviembre de 2022

RIMA XLII, Bécquer

 


Cuando me lo contaron sentí el frío
de una hoja de acero en las entrañas,
me apoyé contra el muro, y un instante
la conciencia perdí de donde estaba.
Cayó sobre mi espíritu la noche, 
en ira y en piedad se anegó el alma, 
¡y entonces comprendí por qué se llora!
¡y entonces comprendí por qué se mata!
Pasó la nube de dolor… con pena
logré balbucear breves palabras…
¿Quién me dio la noticia?... Un fiel amigo…
Me hacía un gran favor… Le di las gracias. 


BIOGRAFÍA PARA TODOS, Antonio Colinas

  Ten sueños altos ahora que eres joven,  pues el tiempo feroz segará pronto tus manos, y tus ojos, y tus labios.  Gozarás hasta entonces de...