DUQUE:
¡O qué malas nuevas son estas sin falta
Que ahora me traen que vaya a tal juego!
Yo tenía pensado de hacer batalla,
Espérame un poco, Muerte, yo te ruego.
Si no te detienes, miedo tengo que luego
Me prendas o mates: habré de dejar
Todos mis deleites, porque no puede estar
que mi alma escape de aquel duro fuego.
MUERTE:
Duque poderoso, fuerte y valiente,
No es ya tiempo de dar dilaciones,
Andad en la danza con buen continente,
Dejad a los otros vuestras guarniciones.
Jamás podréis cebar los halcones,
Ordenar las justas ni hacer torneos,
Aquí tendrán fin los vuestros deseos:
Venid, arzobispo, dejad los sermones.
ARZOBISPO:
¡Ay muerte cruel! ¿Qué me merecí,
O por qué me llevas tan arrebatado?
Viviendo en deleites nunca te temí,
Fiando en la vida quedé engañado.
Pero si yo bien gobernara mi arzobispado,
De ti no tendría tan fuerte temor;
Pero siempre del mundo fui amador,
Bien sé que el infierno tengo aparejado.
MUERTE:
Señor arzobispo, pues tan mal gobernaste
Vuestros súbditos y clerecía,
Gustad amargura por lo que comiste
Manjares diversos con gran golosía.
No podréis estar en Sancta María
Con palo romano en pontifical,
Venid a mi danza, pues sois mortal:
Pase el Condestable por otra tal vía.




No hay comentarios:
Publicar un comentario