MI ANTOLOGÍA
jueves, 27 de febrero de 2025
miércoles, 19 de febrero de 2025
OTELO, Shakespeare
ACTO V
ESCENA II
Entra OTELO con una lámpara. DESDÉMONA acostada.
OTELO
Tal es la causa, tal es la causa, alma mía
Que yo no os la nombre, castas estrellas.
Tal es la causa. Mas no he de verter esta sangre
ni herir esta piel, más blanca que la nieve,
más lisa que alabastro de sepulcros.
Pero ha de morir o engañará a más hombres.
Apaga la llama y después apaga su llama.
Podría extinguirte,
y después devolverte la luz anterior
si fuese a arrepentirme. Mas, muerta tu llama,
criatura perfecta de la naturaleza,
no sabría dónde hallar el fuego
que te diera nueva luz. Si arranco tu rosa
no puedo hacer que reviva; por fuerza
se marchitará. La oleré en el rosal.
La besa.
¡Ah, aliento fragante, que tienta a la justicia
para que rompa su espada! ¡Otro, otro!
Cuando hayas muerto sigue así, que yo te mataré
y te querré por siempre. ¡Otro más, el último!
Lo grato nunca fue tan mortal. Me hace llorar.
Pero es llanto cruel. La pena es divina:
hiere lo que ama. Está despertando.
DESDÉMONA
¿Quién es? ¿Otelo?
OTELO
Sí, Desdémona.
DESDÉMONA
¿No te acuestas, señor?
OTELO
¿Has rezado esta noche, Desdémona?
DESDÉMONA
Sí, mi señor.
OTELO
Si te queda algún pecado
que no haya alcanzado la gracia del cielo,
ruega su perdón.
DESDÉMONA
¡Dios santo! ¿Qué quieres decir con eso?
OTELO
Vamos, reza y no tardes. Mientras, me retiraré.
No quiero matar tu alma si no está
preparada. ¡No lo quiera Dios! No voy a matarla
DESDÉMONA
¿Hablas de matar?
OTELO
Sí, eso he dicho.
DESDÉMONA
Pues que el cielo se apiade de mí.
(...)
OTELO
¡Mmm!
DESDÉMONA
Sin embargo, me asustas, pues eres temible
con esos ojos de fuego. Por qué tengo miedo
no sé, si no tengo culpa; pero siento miedo.
OTELO
Piensa en tus pecados.
DESDÉMONA
Son amores que te doy.
OTELO
Pues por eso has de morir.
DESDÉMONA
Matar por amor es dar muerte cruel.
¡Ah! ¿Por qué te muerdes el labio?
Alguna violencia conmueve tu cuerpo.
Son presagios. Sin embargo, espero,
espero que no irán contra mí.
OTELO
¡Calla y escucha!
DESDÉMONA
Bien, ¿qué ocurre?
OTELO
A Casio le has dado aquel pañuelo
tan querido que yo te regalé.
DESDÉMONA
¡No, por mi vida y mi alma!
Mándale llamar y pregúntale.
OTELO
Guárdate, alma mía, guárdate
del perjurio. Estás en tu lecho de muerte.
DESDÉMONA
Pero aún no he de morir.
OTELO
Sí, ahora mismo; conque confiesa
abiertamente tu pecado, pues negar
con juramentos cada cargo no puede
destruir ni ahogar la convicción
que me atormenta. Vas a morir.
DESDÉMONA
¡Que Dios se apiade de mí!
OTELO
Pues, amén.
DESDÉMONA
¡Apiádate tú también! Jamás
he pecado contra ti; jamás sentí por Casio
nada más que el afecto común
que Dios permite. Jamás le di prenda.
OTELO
¡Por Dios, le vi el pañuelo en la mano!
¡Ah, perjura! Me pones de piedra el corazón
y vuelves crimen mi propósito,
cuando yo lo creía sacrificio.
Le vi el pañuelo.
DESDÉMONA
Él lo encontraría. Yo no se lo di.
Mándale que venga y confiese la verdad.
OTELO
Ya ha confesado.
DESDÉMONA
¿Qué ha confesado?
OTELO
Que habéis tenido trato.
DESDÉMONA
¿Cómo? ¿Carnal?
OTELO
Sí.
DESDÉMONA
No puede decir eso.
OTELO
No, le han cerrado la boca.
Se encargó el honrado Yago.
(...)
DESDÉMONA
¡Ah, le han engañado y yo estoy perdida!
OTELO
¡Calla, zorra! ¿Le lloras en mi cara?
DESDÉMONA
¡Ah, destiérrame, señor, mas no me mates!
OTELO
¡Muere, zorra!
DESDÉMONA
¡Mátame mañana! ¡Esta noche no!
OTELO
Como te resistas…
DESDÉMONA
¡Sólo media hora!
OTELO
Empezar es acabar.
DESDÉMONA
¡Que rece una oración!
OTELO
Demasiado tarde.
La ahoga.
jueves, 23 de enero de 2025
SONETO CCCLXIII, PETRARCA
Muerte ha extinguido al sol que me ofuscaba
SONETO CLXII
¡Flores felices, biennacidas hierbas
que, pensativa, pisa mi señora;
campo que oyes su voz cautivadora
y de sus bellos pies huellas conservas;
arbustillos de frondas aún acerbas,
violetas cuyo tinte me enamora,
umbrosas selvas, que os mostráis ahora,
llenas de sol, más altas y superbas;
oh sitio ameno, oh río de agua pura
que le bañas la faz, y de su vista
tomas la viva luz que es tu hermosura;
yo envidio que de honesto amor os vista!
No habrá en vosotros una piedra dura
que a arder entre mis llamas se resista.
1. En su alabanza de la dama, Petrarca emplea un conjunto de elementos naturales idealizados. ¿De qué tópico se trata?
2. Para empresar la intensidad de su pasión amorosa, el poeta utiliza en los dos últimos versos una figura literaria. ¿En qué consiste?
SONETO CXXII, PETRARCA
Diecisiete años ha girado el cielo
desde que ardo, y jamás me he apagado;
mas cuando pienso en mi presente estado
en medio de las llamas siento un hielo.
Cierto es el dicho, que uno cambia el pelo
mas no el vicio; si el cuerpo está cansado,
no está el afecto humano atenuado:
causa es la sombra del pesado velo.
¡Ay, triste!, ¿llegará el día dichoso
en que mirando huir a la edad mía,
salga del fuego, libre ya de enojos?
¿Podré mirar cuando desee un día
ese aire dulce de su rostro hermoso
y un sensato placer dar a mis ojos?
1. Analiza la estructura métrica. ¿Qué estrofa se utiliza?
2. ¿Con qué edad debió Petrarca de escribir este poema?
3. Los dos cuartetos plantean el tema de un amor platónico, persistente. Pero, ¿dónde se aprecia que se trata de un amor no correspondido? ¿Qué figura literaria utiliza el autor para resaltarlo?
4. ¿Qué tópico se plantea en los tercetos?
5. ¿Qué figura literaria destaca en ambos? ¿Qué trata de expresar con ella el autor?
SONETO XXXII, PETRARCA
Cuanto más me avecino al postrer día,
que a la humana miseria hace más breve,
más veo al tiempo andar veloz y leve,
y a mi esperanza en él falsa y vacía.
Poco andaremos -digo al alma mía
de amor hablando, mientras grave lleve
el peso terrenal que, como nieve
se funde; que a la paz así nos guía:
porque con él caerá aquella esperanza
que me hizo devanear tan largamente,
y la risa y el llanto, y miedo e ira;
veremos claro que frecuentemente
lo que es dudoso es otro quien lo alcanza
y que, a menudo, en vano se suspira.
SONETO XXXIV, PETRARCA
Apolo, si en ti vive aún el deseo
que te inflamaba en la tesalia onda,y si aún no has puesto en desmemoria honda
las rubias hebras de que fuiste reo;
del lento hielo y tiempo áspero y feo
que dura en tanto que tu faz se esconda,
defiende la sagrada y noble fronda
donde yo preso, como tú, me veo;
y por virtud de amorosa esperanza,
que te mantiene en vida tan acerba,
deshaz del aire los oscuros lazos.
Y así veremos que el milagro alcanza
mi bien de hallar asiento entre la hierba,
y hacerse sombra con sus propios brazos.
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