jueves, 28 de noviembre de 2024

POEMA DE MIO CID: Batalla de Alcocer

Los pelotones de moros su avance comienzan ya
para llegar frente al Cid y a los suyos atacar.
"Quietas, mesnadas, les dice el Cid, en este lugar,
no se separe ninguno hasta oírmelo mandar. "
Aquel buen Pero Bermúdez ya no se puede aguantar
la enseña lleva en la mano y comienza a espolear. 
"Que Dios Creador nos valga, Cid Campeador leal!
En medio del enemigo voy vuestra enseña a clavar,
los que a ella están obligados ya me la defenderán."
Díjole el Campeador: "No lo hagáis, por caridad."
Repuso Pero Bermúdez: "Dejar de ser no podrá". 
Espoleó su caballo y a los moros fue a buscar.
Ya los moros le esperaban para la enseña ganar,
y aunque le dan grandes golpes no le pueden derribar.
Y así dijo Mio Cid: "Valedle, por caridad."



Embrazaron los escudos delante del corazón:
las lanzas ponen en ristre envueltas en su pendón;
todos inclinan las caras por encima del arzón
y arrancan contra los moros con muy bravo corazón.
A grandes voces decía el que en buena hora nació:
"¡Heridlos, mis caballeros, por amor del Creador,
aquí está el Cid, Don Rodrigo Diaz el Campeador!".
Todos caen sobre aquel grupo donde Bermúdez se entró
Éranse trescientas lanzas, cada cual con su pendón.
Cada guerrero del Cid a un enemigo mató,
al revolver para atrás otros tantos muertos son.

Allí vierais tantas lanzas, todas subir y bajar,
allí vierais tanta adarga romper y agujerear,
las mallas de las lorigas allí vierais quebrantar
y tantos pendones blancos que rojos de sangre están
y tantos buenos caballos que sin sus jinetes van.
Gritan los moros: “¡Mahoma”; “¡Santiago!”, la cristiandad.
Por aquel campo caídos, en un poco de lugar
de moros muertos había unos mil trescientos ya.


lunes, 25 de noviembre de 2024

LA CANCIÓN DE ROLDAN (CHANSON DE ROLAND)

MUERTE Y HUMANIZACIÓN DEL HÉROE 

Va sintiendo Roldán que su vista decae

y se pone de pie en un esfuerzo supremo. 

El color de su cara va desapareciendo.

Una piedra muy fría se encuentra allí delante, 

la golpea diez veces con dolor y con rabia. 

El acero rechina: no se mella ni rompe, 

y dice el conde así: "¡Santa María, váleme!

Mi buena Durandarte, ¡qué pena que me das!

Ahora que me muero, te tendré que dejar; 

¡gracias a ti he vencido mil batallas campales

y mil extensas tierras dominé con tu acero,

que ahora son de Carlos, el de la barba cana!

¡Que no te empuñe nadie que ante otro se arredre!

Durante mucho tiempo te tuvo un buen vasallo:

nunca habrá quien te iguale en la Francia bentita".




jueves, 21 de noviembre de 2024

EL CANTAR DE LOS NIBELUNGOS

 


Cierto día a la hora de vísperas alzose gran alboroto por multitud de caballeros que, en el patio del castillo, se entregaban, para divertirse, a juegos caballerescos.

La hermosa Krimilda dijo: «Yo tengo un esposo al que deberían pertenecer todos estos reinos. Solo tienes que ver su porte y mirar cuán magnífico sobresale entre los otros guerreros, como la brillante luna se destaca entre las estrellas».

Ahora replicó la señora Brunilda: «Por muy gallardo que sea tu esposo, por bravo y apuesto que sea, tienes que admitir que Gunter, tu hermano, lo aventaja. Tú tienes muy altas pretensiones, pero me gustaría ver ahora si se rinden los mismos honores a tu persona que a la mía».

Habló ahora la señora Krimilda: «Hoy tienes que comprobar que yo soy noble de derecho y que mi esposo es más preciado que el tuyo. Hoy será menester que vea la corte si me atrevo a entrar en la iglesia delante de la esposa del rey».

Llegaron ambos cortejos a la par delante de la catedral. Entonces, la soberana del país, empujada por su odio, mandó pararse de mal talante a Krimilda: «Una sierva no debe ir delante de la esposa de un rey».

Habló entonces la hermosa Krimilda con ánimo airado: «Si hubieras podido callarte, más te habría valido. Tú misma has ultrajado a tu propia persona. ¿Cómo pudo la barragana de un vasallo llegar a ser jamás la esposa de un rey?».

«¿A quién tratas tú de barragana?», replicó ahora la mujer del rey.

«A ti», contestó Krimilda, «pues fue Sigfrido, mi esposo bien amado, quien primero halló en ti cumplido deleite. No fue mi hermano quien conquistó tu doncellez».

Anónimo, Cantar de los Nibelungos

(traducción de Emilio Lorenzo)

 

FÁBULA: "El burro flautista", Iriarte

  Esta fabulilla, salga bien o mal, me ha ocurrido ahora por casualidad.     Cerca de unos prados  5 que hay en mi lugar, pasaba un borrico ...