lunes, 11 de octubre de 2021

PEREGRINO, Luis Cernuda

 Peregrino

¿Volver? Vuelva el que tenga,

tras largos años, tras un largo viaje,

cansancio del camino y la codicia

de su tierra, su casa, sus amigos,

del amor que al regreso fiel le espere.


Mas ¿tú?, ¿volver? Regresar no piensas,

sino seguir libre adelante,

disponible por siempre, mozo o viejo,

sin hijo que te busque, como a Ulises,

sin Ítaca que aguarde y sin Penélope.


Sigue, sigue adelante y no regreses,

fiel hasta el fin del camino y tu vida,

no eches de menos un camino más fácil,

tus pies sobre la tierra antes no hollada,

tus ojos frente a lo antes nunca visto.

Luis Cernuda.

sábado, 9 de octubre de 2021

TÓPICO "COLLIGE, VIRGO, ROSAS": Luis Alberto de Cuenca

 



COLLIGE, VIRGO, ROSAS

Niña, arranca las rosas, no esperes a mañana.
 Córtalas a destajo, desaforadamente,
 sin pararte a pensar si son malas o buenas.
 Que no quede ni una. Púlete los rosales

 que encuentres a tu paso y deja las espinas
 para tus compañeras de colegio. Disfruta
 de la luz y del oro mientras puedas y rinde
 tu belleza a ese dios rechoncho y melancólico

 que va por los jardines instilando veneno. 
Goza labios y lengua, machácate de gusto
 con quien se deje y no permitas que el otoño

 te pille con la piel reseca y sin un hombre
 (por lo menos) comiéndote las hechuras del alma.
 Y que la negra muerte te quite lo bailado.

Luis Alberto de Cuenca, Por fuertes y fronteras, 1996.


TÓPICO "COLLIGE, VIRGO, ROSAS": Agustín Delgado, Luis Mateo Díez y José María Merino



Han de pasar los años y te volverás vieja. 

Estarás sentadita junto al televisor

y al recordar de pronto las palabras de amor

que yo te estoy diciendo, recordarás mi queja.


Ya nadie habrá a tu lado. En la tarde bermeja

nadie te escuchará ni verá ese temblor

que los ecos lejanos te traerán, o el frescor

de la noche que llega, más allá de la reja. 


Tras el tapial mohoso de un cementerio triste

en polvorienta sombra mi cadáver reposa

mientras en soledad te encoges, dolorida, 


entonces lamentando el desdén que tuviste. 

Vive, bésame ahora, no esperes otra cosa, 

recojamos hoy juntos las rosas de la vida. 


Agustín Delgado, Luis Mateo Díez y José María Merino. 

“Soneto”, Parnasillo provincial de poetas apócrifos, 1975.


domingo, 11 de julio de 2021

Cantar de Mio Cid: La afrenta de Corpes

 CANTAR DE LA AFRENTA DE CORPES.



En el robledo de Corpes entraron los de Carrión,
los robles tocan las nubes, ¡tan altas las ramas son!
Las bestias fieras andan alrededor.
Hallaron una fuente en un vergel en flor;
mandaron plantar la tienda los infantes de Carrión,
allí pasaron la noche con cuantos con ellos son;
con sus mujeres en brazos demuéstranles amor;
¡mal amor les mostraron en cuanto salió el sol! […]
[…] Todos se habían ido, ellos cuatro solos son,
así lo habían pensado los infantes de Carrión:
«Aquí en estos fieros bosques, doña Elvira y doña Sol,
vais a ser escarnecidas, no debéis dudarlo, no.
Nosotros nos partiremos, aquí quedaréis las dos;
«no tendréis parte en tierras de Carrión.
«Llegarán las nuevas al Cid Campeador,
«así nos vengaremos por lo del león».
Los mantos y las pieles les quitan los de Carrión,
con sólo las camisas desnudas quedan las dos,
los malos traidores llevan zapatos con espolón,
las cinchas de sus caballos ásperas y fuertes son.
Cuando esto vieron las damas así hablaba doña Sol:
«Don Diego y don Fernando, os rogamos por Dios,
dos espadas tenéis, fuertes y afiladas son,
el nombre de una es Colada, a la otra dicen Tizón,
cortadnos las cabezas, mártires seremos nos.
Moros y cristianos hablarán de vuestra acción,
dirán que no merecimos el trato que nos dais vos.

Esta acción tan perversa no la hagáis con nos
si así nos deshonráis, os deshonraréis los dos;
ante el tribunal del rey os demandarán a vos».
Lo que ruegan las dueñas de nada les sirvió.
Comienzan a golpearlas los infantes de Carrión;
con las cinchas de cuero las golpean sin compasión;
así el dolor es mayor, los infantes de Carrión:
de las crueles heridas limpia la sangre brotó.
Si el cuerpo mucho les duele, más les duele el corazón.
¡Qué ventura tan grande si quisiera el Criador
que en este punto llegase mio Cid el Campeador!
Mucho las golpearon, pues despiadados son;
sangrientas las camisas y todos los ciclatones.
Cansados están de herir ellos, ambos a dos,
rivalizando ambos en cual dará los golpes mejor.
Ya no pueden hablar doña Elvira y doña Sol,
por muertas las dejaron en el robledo a las dos.

Cantar de Mio Cid: Episodio del león

 EPISODIO DEL LEÓN.





Estaba el Cid con los suyos en Valencia la mayor
y con él ambos sus yernos, los infantes de Carrión.
Acostado en un escaño dormía el Campeador,
ahora veréis qué sorpresa mala les aconteció.
De su jaula se ha escapado, y andaba suelto el león,
al saberlo por la corte un gran espanto cundió.
Embrazan sus mantos las gentes del Campeador
y rodean el escaño protegiendo a su señor.
Pero Fernando González, el infante de Carrión,
no encuentra dónde meterse, todo cerrado lo halló,
metióse bajo el escaño, tan grande era su terror.
El otro, Diego González, por la puerta se escapó
gritando con grandes: "No volveré a ver Carrión."
Detrás de una gruesa viga metióse con gran pavor
y, de allí túnica y manto todos sucios los sacó.
Estando en esto despierta el que en buen hora nació
y ve cercado el escaño suyo por tanto varón.
"¿Qué es esto, decid, mesnadas? ¿Qué hacéis aquí alrededor?"
"Un gran susto nos ha dado, señor honrado, el león."
Se incorpora Mío Cid y presto se levantó,
y sin quitarse ni el manto se dirige hacia el león:
la fiera cuando le ve mucho se atemorizó,
baja ante el Cid la cabeza, por tierra la cara hincó.
El Campeador entonces por el cuello le cogió,
como quien lleva un caballo en la jaula lo metió.
Maravilláronse todos de aquel caso del león
y el grupo de caballeros a la corte se volvió.
Mío Cid por sus yernos pregunta y no los halló,
aunque los está llamando no responde ni una voz.
Cuando al fin los encontraron, el rostro traen sin color
tanta broma y tanta risa nunca en la corte se vio,
tuvo que imponer silencio Mío Cid Campeador.
Avergonzados estaban los infantes de Carrión,
gran pesadumbre tenían de aquello que les pasó.

Cantar del Mio Cid: Lucha y ganancia

 CANTAR DE LAS BODAS.


LUCHA Y GANANCIA




Han salido de Valencia, ya la bandera sacaron,
son cuatro mil menos treinta los que el Cid lleva a su lado
y a cincuenta mil de moros sin miedo van a atacarlos.
Minaya con Álvar Álvaroz éntrase por otro lado,
y plúgole al Creador que pudiera derrotarlos.
El Cid hiere con la lanza, luego a la espada echa mano,
a tantos moros mató que no pueden ser contados,
le va por el codo abajo mucha sangre chorreando.
Al rey Yusuf de Marruecos tres golpes le ha descargado,
pero el moro se le escapa a todo andar del caballo
y se le mete en Cullera, castillo muy bien armado;
hasta allí le sigue el Cid por ver si puede alcanzarlo,
con otros que le acompañan de aquellos buenos vasallos.
Desde Cullera se vuelve Mío Cid el bienhadado,
muy alegre del botín tan grande que han capturado.
Ve cuánto vale Babieca, de la cabeza hasta el rabo.
La ganancia de aquel día toda por suya ha quedado.
De aquellos cincuenta mil moros que habían contado,
no pudieron escaparse nada más que ciento cuatro.
Las mesnadas de Ruy Díaz saquearon todo el campo,
entre la plata y el oro recogieron tres mil marcos,
y lo demás del botín no podían ni contarlo.
Alegre está Mío Cid, muy alegres sus vasallos
de que Dios les ayudara a aquella victoria en campo.

Cantar de Mio Cid: Despedida de su mujer e hijas

 DESPEDIDA DE SU MUJER Y SUS HIJAS





Ya la oración se termina, la misa acabada está,
de la iglesia salieron y prepáranse a marchar.
El Cid a doña Jimena un abrazo le fue a dar
y doña Jimena al Cid la mano le va a besar;
no sabía ella qué hacerse más que llorar y llorar.
A sus dos niñas el Cid mucho las vuelve a mirar.
"A Dios os entrego, hijas, nos hemos de separar
y sólo Dios sabe cuándo nos volvamos a juntar."
Mucho que lloraban todos, nunca visteis más llorar;
como la uña de la carne así apartándose van.
Mío Cid con sus vasallos se dispone a cabalgar,
la cabeza va volviendo a ver si todos están.
Habló Minaya Álvar Fáñez, bien oiréis lo que dirá:
"Cid, en buena hora nacido, ¿vuestro ánimo dónde está?
Pensemos en ir andando y déjese lo demás,
todos los duelos de hoy en gozo se tornarán,
y Dios que nos dio las almas su consejo nos dará”.
Al abad don Sancho vuelve de nuevo a recomendar
que atienda a doña Jimena y a las damas que allí están,
a las dos hijas del Cid que en San Pedro han de quedar;
                          sepa el abad que por ello buen premio recibirá.

DANZAS DE LA MUERTE

DUQUE: ¡O qué malas nuevas son estas sin falta Que ahora me traen que vaya a tal juego! Yo tenía pensado de hacer batalla, Espérame un poco,...